
Esta mañana, con cuarentaitantos kilómetros por hora, el viento me desgarraba por fuera y sin embargo la calma interior era inmensa. El bálsamo de la amistad sincera borraba toda huella de dolor y la angustia de la noche había dejado paso a una mañana tan soleada como fría. La lluvia ha vuelto, pero ya nada puede perturbarme...
A Javi
Para Yolanda

